Desarrollan máquinas lanzapelotas como reto final de diseño mecánico
Créditos: Archivo UDEM
- Durante 16 semanas, estudiantes de la Escuela de Ingeniería y Tecnologías de la Universidad de Monterrey diseñaron y fabricaron máquinas lanzapelotas como parte de un reto académico enfocado en la aplicación práctica de la ingeniería mecánica
Como parte del cierre de la materia Diseño de Elementos de Máquinas, estudiantes de la Escuela de Ingeniería y Tecnologías de la Universidad de Monterrey desarrollaron prototipos capaces de lanzar pelotas simulando un saque de tenis, en una actividad enfocada en aplicar conocimientos de diseño mecánico, manufactura y precisión más allá del aula.
El proyecto fue coordinado por Demófilo Maldonado Cortés, profesor titular del Departamento de Ingeniería Mecánica y Electrónica, quien explicó que el reto final consiste en construir un dispositivo funcional capaz de lanzar la pelota por encima de una red y hacerla caer del otro lado de la cancha.
En esta clase los alumnos conocen los elementos de máquinas reales, para qué sirven y cómo se seleccionan. Al final, el proyecto consiste en aplicar todo ese aprendizaje en una máquina que lance una pelota como si fuera un saque de tenis”, explicó el docente.
La dinámica se realizó durante 16 semanas, periodo en el que los estudiantes recorrieron distintas etapas del proceso de ingeniería, desde la investigación y conceptualización hasta la manufactura de los prototipos.
“Primero realizan una búsqueda de información sobre las máquinas lanzapelotas que existen actualmente. Después elaboran un mapa tecnológico para definir qué componentes tendrá su diseño, desarrollan propuestas conceptuales, seleccionan una opción final y generan los dibujos de manufactura. En las últimas semanas se enfocan completamente en fabricar la máquina”, detalló Maldonado Cortés.
El académico añadió que esta actividad se realiza cada semestre desde hace más de una década y busca consolidarse como una tradición dentro de la Escuela de Ingeniería y Tecnologías de la UDEM.
“Ya llevamos alrededor de 14 o 15 ediciones. La idea es que se convierta en una tradición de Ingeniería y que todos sepan que, en algún momento de la carrera, tendrán que pasar por este reto”, expresó.
Además del aprendizaje técnico, el profesor consideró que el ejercicio fortalece la confianza y la madurez profesional de los estudiantes al enfrentarse a desafíos reales de diseño y fabricación.
“Al principio les da miedo porque sienten que no podrán hacerlo, pero cuando terminan siempre reflexionan sobre qué mejorarían o qué harían diferente. Esa experiencia les ayuda a madurar técnicamente”, concluyó.
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