Destaca papel de abuelos para reforzar identidad ante crisis juvenil
Créditos: Archivo UDEM
- Jesús Amaya Guerra ofreció la conferencia Chango viejo sí aprende maroma nueva, donde presentó su libro del mismo nombre y se despidió de las aulas, tras 42 años de labor docente en la Facultad de Educación y Humanidades de la Universidad de Monterrey
Los jóvenes actuales enfrentan una crisis de identidad por la pérdida de sus raíces familiares y la desconexión con sus antepasados, advirtió Jesús Amaya Guerra, especialista en educación, al señalar que la figura del abuelo es el pilar psicológico que puede frenar fenómenos de despersonalización en las nuevas generaciones.
La conferencia titulada Chango viejo sí aprende maroma nueva se realizó la noche del jueves 26 de febrero, en la Sala de Eventos del Centro de la Comunidad Universitaria. El recinto congregó a exalumnos, profesores y colaboradores, mujeres y hombres, que presenciaron la presentación del libro homónimo de Amaya Guerra.
El evento estuvo marcado por su nota emotiva, ya que representó la última cátedra del investigador tras 49 años de labor docente en total, de los cuales 42 y medio los dedicó a la Facultad de Educación y Humanidades de la Universidad de Monterrey.
Durante su intervención, el académico analizó cómo el debilitamiento de la estructura familiar ha dejado vacíos emocionales en la juventud.
“El muchacho hoy no tiene en dónde aferrarse; los abuelos dan esa raíz y nos brindan una identidad que evita que los jóvenes tengan que inventarse una personalidad basada en modas pasajeras de las redes sociales”, afirmó el profesor.
Amaya Guerra explicó que existe un fenómeno creciente donde los adolescentes buscan pertenencia en identidades ajenas a lo humano debido a la falta de historias familiares. Subrayó que la resiliencia no se enseña con conceptos, sino a través de las anécdotas de supervivencia de los mayores.
“Los abuelos tienen valores, actitudes y una historia de esfuerzo que genera resiliencia; mi propio abuelo vivió la Revolución y esas narraciones de carencia y superación fueron un ejemplo fundamental que me dio identidad”, relató.
El autor destacó que, a diferencia de los padres que tienen la función de educar y poner límites, los abuelos poseen una misión de acompañamiento emocional. Según su investigación, el rol del adulto mayor ha evolucionado hacia una participación activa en la crianza y el sustento financiero.
Hoy los abuelos mantienen una doble paternidad; recogen a los nietos, les dan de comer y guían sus tareas. Si están dispuestos, es excelente, porque nos dan un sentido de vida que se ha perdido”, explicó.
No obstante, el especialista lanzó una advertencia sobre los riesgos de la sobreprotección actual, señalando que algunos abuelos interfieren en la formación del carácter. Criticó que se eviten las consecuencias naturales de los actos de los nietos, lo que impide su crecimiento emocional.
“Sobreproteger debilita, mientras que acompañar fortalece; los nietos crecen cuando empiezan a vivir sus propias consecuencias y los abuelos deben ser modelos de sabiduría, no facilitadores de la irresponsabilidad”, sentenció Amaya Guerra.
En el cierre de su etapa como docente, el catedrático vinculó la importancia del aprendizaje continuo con la salud mental de los adultos mayores. Desmintió el mito de que la edad avanzada sea un impedimento para adquirir nuevas habilidades o conocimientos complejos.
“El cerebro no envejece por la edad, sino por el abandono y el desuso; la neuroplasticidad nos permite adaptarnos toda la vida, pues lo que realmente daña al individuo es la renuncia al sentido de vivir”, concluyó.
Finalmente, el profesor instó a las familias a recuperar el espacio de la sobremesa para compartir la historia genealógica. Aseguró que el conocimiento de las raíces familiares es la herramienta más poderosa para reducir la ansiedad y el estrés en el entorno doméstico contemporáneo.
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